La audiencia era una estimación. Ahora es un recuento.
Una cámara observa a las personas que hay delante de un emplazamiento — una pantalla, un escaparate, una valla impresa, cualquier cosa que la gente mire — y cuenta a las que se giraron a mirarlo, y durante cuánto tiempo. Quien pasa de largo sin girar la cabeza se cuenta aparte. Lo que sale son totales anónimos con marca de tiempo, de modo que cada cifra corresponde a lo que estuviera expuesto cuando se consiguió.
Pasar de largo y mirar no son la misma cifra.
Los algoritmos se ejecutan en la propia cámara. Mantienen cada rostro mientras siga a la vista, y de ahí sale el tiempo de permanencia, y leen la orientación de la cabeza — que es lo que separa a quien se detuvo a mirar de quien cruzó todo el encuadre sin volverse ni una vez hacia él.
La cámara no tiene que ir en ningún sitio concreto, siempre que tenga a la vista los rostros de quienes están delante del emplazamiento. Suele ser de tipo pinhole — de montaje flexible y, una vez montada, pasa desapercibida.
- Tiempo de permanencia
- cuánto tiempo estuvo un rostro delante del emplazamiento, incluido quien pasó de largo sin detenerse.
- Tiempo de atención
- cuánto de ese tiempo pasó de cara al emplazamiento. Orientación de la cabeza — no es seguimiento ocular: no se sigue la mirada de nadie.
- Franja de edad y género
- estimados a partir del rostro, por franjas. El total es un recuento; la franja es una estimación.
- Funciona con
- Una pantalla digital, un escaparate, una valla impresa — la cámara mira a las personas, no a la superficie.
Cada cifra lleva la hora puesta.
Los totales llegan por intervalos y con marca de tiempo. Crúcelos con la programación de una pantalla y la audiencia deja de ser la del emplazamiento para ser la de cada creatividad. En un escaparate o un cartel que cambia menos a menudo, esas mismas cifras dicen qué horas y qué días se ganaron la atención — y qué se movió la semana en que cambió lo que estaba expuesto.
Nunca averigua a quién está mirando.
- Nunca identifica a nadie.
- Sin reidentificación — ni entre visitas ni entre cámaras. Una segunda visita se cuenta otra vez.
- Sin lista de vigilancia ni base de datos de rostros con la que comparar.
- No se graba vídeo ni se guardan fotos ni recortes de rostro, en ningún sitio.
- No se guarda ninguna plantilla biométrica: no queda nada con lo que volver a localizar a nadie.
- Sin reconocimiento de emociones.
- Nada de una persona concreta sale de la cámara.
Las preguntas técnicas son las buenas.
Cuéntenos qué es el emplazamiento, dónde podría colocarse una lente y qué necesita demostrar con las cifras. Si en su organización hay un comité de empresa o un delegado de protección de datos, tráigalos — la versión corta es que nada de una persona concreta sale nunca de la cámara, y la versión larga es una descripción técnica de tres páginas que le enviaremos.